martes, 19 de noviembre de 2013

Capítulo 16: Carelessness




CARELESSNESS
(Descuido)

Amarte fue fácil
pensé que nunca me dejarías…
Alrededor de mi dedo te veo cuando te veo
Ahora estoy escuchando a mi alrededor
que estas dando vueltas
nunca pensé que te extrañaría
y ahora me siento como un tonto…


- ¿Bella?  - sentí que dijeron y esas cinco letras bastaron para acabar con mi respiración.

Me recordé a mi misma que tenía que respirar y puse mi mano en la boca de Edward articulando con mis labios cállate.

Salí de los brazos de Edward y tome rápidamente mi bata que estaba colgando de mi closet amarrando la cinta a mi cintura mientras salía.

- ¿Garrett? – dije llegando a la sala. Él estaba al medio de mi estrecha sala con una gran caja celeste en sus brazos.

- Amor – dijo dejando la caja en el sillón rojo descolorido que estaba en la sala caminando hasta llegar a mí. Paso sus brazos por mi cintura acercándome a él y besándome. No sabía cómo responder a eso. Estaba entre choqueada por tener a Edward a tan sólo pasos, desnudo y en mi habitación y por tener a Garrett atacando a mis labios sabiendo que esto iba a traer problemas. Paso su mirada por mi cuerpo viendo que sólo traía puesta la bata transparente roja que hacia entre ver gran parte de mi anatomía.

Con una sonrisa en sus labios y metiendo su mano por la delicada tela de la bata llegando a mi piel desnuda me dijo:

- Linda bata, pero creo que te verías mejor sin ella cariño.

Oh no, no, no. No podía follar con Garrett teniendo a Edward tan cerca. ¿No, cierto?


Intente quitarme de encima a Garrett que al parecer estaba muy ansioso jugando con mi cuello.

- Amor… - me queje, puse mi mano en su pecho poniendo un poco de distancia entre nosotros. – No puedo, digo quiero pero estoy indispuesta. Tú sabes mi periodo y esas cosas.

Garrett junto nuestras frentes mientras se mordía sus labios dándome esa sonrisa que me encantaba. – Esta bien. Lo entiendo. Ven tengo algo que mostrarte.

Tomo la caja celestes y comenzó a caminar en dirección a mi habitación.

- ¡No! – grite. Creo que no debí haber hecho eso.

- ¿Qué pasa? – pregunto confundido Garrett.

- Yo… - me mordí mi labio nerviosa. – Yo tengo todo un caos ahí adentro y… no quiero que lo veas.

Garrett emitió una dulce risa acariciando mi mejilla. – No serías la mujer que amo sino tuvieras un caos en tu habitación, Bells. Vamos soy sólo yo.

- Pe...Pero…

No hizo caso de mis estúpidas escusas y abrió la puerta que tanto temía.

Mierda. Mierda. Mierda.

- ¿Piensas quedarte todo el día parada ahí? – dijo riendo.

- ¿Qué?

- Oh, vamos cariño. Es sólo la cama que no está hecha y un poco de ropa desordenada. No matara a nadie.

¿Qué mierda?, pensé. ¿Y Edward?

- Ven siéntate aquí – dijo pasando su mano por un lado de la cama. – Tengo una sorpresa para ti.

Decidí que tenía que parecer lo más normal posible o sino Garrett se daría cuenta. Me obligue a mi misma a olvidarme del hombre semidesnudo que anda en algún lugar de mi departamento.

- ¿Y bien? – dije sentándome y poniéndome mi mascara.

- Un pajarito me conto que se acerca tu cumpleaños y que nunca habías tenido una fiesta de verdad como correspondo.

Quise decirle que sí, que sí había tenido. Aunque creo que emborracharme hasta la medula con Jane no era un idea exacta de fiesta como corresponde para Garrett.

- Demasiados pajaritos por un día – musité sin querer.

- ¿Qué?

- Oh nada, no me hagas caso.

- Bien. – Dijo con algo de nervios en su voz. – No te diré quién es el cerebro detrás de todo esto. – Tomo la caja en sus manos y me la entrego. – Pero esto te dará un indicio de lo que será próxima celebración, amor. Espero te guste.

Mis ojos se agrandaron por la sorpresa. Tome la cinta que envolvía la caja y tire de ella abriéndola. Me quede sin aliento al ver lo que había en ella.

- Woow – fue todo lo que pude decir. Pase mis dedos nerviosos por la suave tela del vestido. Lo tome entre mis manos y lo saque de la caja. 

– Es… hermoso.

Me dio una cálida sonrisa acariciando mi mano. – Me alegra que te haya gustado. El color combina con el de tus ojos. Aunque eso es sólo la punta del iceberg. Lo mejor está por venir.

No sé si fue por el vestido o por las dulces palabras de él o por la manera en la que se preocupaba por mí. Sólo sé que tuve el impulso de arrojarme a sus brazos besándolo como si la vida se me fuera en ello.

- Gracias. En serio, es muy lindo de tu parte.

Su mano paso por mi nuca pasando sus dedos por ahí. Jugué con sus labios mientras lo besaba. Todo era tan putamente romántico hasta que un ruido lo interrumpió todo.

Edward. Mierda, me había olvidado de él.

- ¿Qué fue eso?

- ¡Mi estomago! – dije riendo y tocándolo. - ¿Te importa si vamos a cenar? Muero de hambre.

Emitió ese sonido con su garganta que tanto me gustaba cada vez que se encendía. – Esta bien. Comida. Creo que será bueno, yo tampoco he comido nada.

- Mmmh… ¿por qué no me esperas en la sala y escuchas música mientras me pongo algo de ropa?

Me dio un rápido beso diciendo: - Te espero afuera. No tardes cariño.

Le guiñe un ojo y conté hasta diez para vestirme rápidamente con unos jeans que estaba por el suelo junto con una blusa de tirantes. Al agacharme me di cuenta que casi se veía parte de la chaqueta de Edward que estaba debajo de la cama. Por suerte que Garrett no la vio.

Dios, te debo una.

Tome la chaqueta y fui hasta el baño de mi habitación. Abrí la puerta y allí, escondido en la bañera estaba Edward. Le tire la chaqueta en su cara mientras le tiraba un beso al aire. No se veía nada de contento, pero no importaba. Que se joda.

Levante mi bolso que también estaba en el suelo saliendo de mi cuarto.

- Estoy lista amor.

.
.
.
.
.
.
.

Mientras caminaba iba bajando mi falda que se subía cada vez que mis piernas se movían. Edward había dicho “formal”, como si yo y esa palabra nos lleváramos bien. Habíamos quedado con que iría por el puesto de secretaria suplente o alguna mierda parecida.

“Tienes que ir formal, sonreír y yo haré el resto”, fueron sus palabras.
Lo cierto es que lo único más formal que tenía era esta estúpida falda negra que habíamos comprado Jane y yo para halloween. Éramos secretarias sexys, por supuesto. No me puse lo que el disfraz llevaba en la parte superior porque sospechaba que Edward no lo aprobaría. Así que tuve que comprar una blusa roja demasiado chic, si se me pregunta.

Pensar en Jane hizo que mi estomago se revolviera. La extrañaba, la extrañaba demasiado para mi propio bien.

Edward no lo había dicho directamente pero me hizo saber entre otras palabras que iba a “observar” el movimiento de la empresa. En otras palabras… espiar.

Empresas Hedlund era una de las herencias más grandes que tenían los hermanos Hedlund, es cierto que la empresa estaba dividida en acciones pero aún así Joseph el padre de Garrett y Esme la madre de Edward tenían la mayor parte del directorio.

En breves palabras Edward me dejo saber que su abuelo era un poderoso hombre de negocios machista que al morir le heredo el cuarenta porciento de sus acciones y el resto de su dinero a su hijo mayor y sólo el veinte porciento a su hija  Esme ya que él decía: “a Esme la tiene que mantener su marido”.

Por la manera en la que hablaba Edward, su abuelo nunca lo había aceptado. Un joven Edward había hecho de todo por serlo, estudiando la carrera que su abuelo le había dicho que estudiara, trabajando en la empresa que su abuelo había formado y sacándola a flote. Pero al parecer nada de esto le sirvió ya que Thomas Hedlund ya tenía un nieto favorito; Garrett.

Edward no lo demostraba, y es que de si caretas se trataba, él era un experto, sin embargo, a pesar de todo eso podía darme cuenta del odio y los celos que sentía hacia su primo.

Un joven y rebelde Garrett hacia de todo para disgustar al patriarca de la familia, dejando la universidad, yéndose a recorrer el mundo tirando su vida al destino y a pesar de eso Garrett era los ojos de su abuelo.

Edward había estado por más de cinco años en la presidencia de la empresa, pero todo se le podía venir abajo ya que al que le correspondía ocupar ese puesto era a Garrett. Y ahora que él había vuelto, Edward estaba en un terreno arenoso en el cual en cualquier momento podría hundirse.

Según Edward mi único trabajo iba a ser: servir café, sacar fotocopias y escuchar lo que se decía sobre él y su puesto en el directorio. Cualquier movimiento que es anticipado puede ser contralado, decía él.
 
El edificio de empresa era gigante, con enormes ventanales que hacían reflejar la luz del sol, haciéndolo brillar. Tenía unas franjas blancas en su fachada dándole un aspecto de asimetría en su exterior, bello. Me pare en la puerta principal dando una fuerte exhalada de aire.
Sólo sonríe y camina, sonríe y camina, me dije a mí misma.

La oficina de Edward estaba en el piso trece, tuve que tomar el ascensor para llegar hasta allá. Cuando las pesadas puertas de acero se abrieron vi un largo pasillo gris que daba directo hasta unas puertas mucho más grandes que las del ascensor, de acero quizás, con algunas marcas y figuras en ellas. El puesto de la secretaria de Edward estaba vacío así que camine directo hasta llegar a la oficina principal.

Las puertas estaban entre abiertas por lo que pude ver a Edward en el fondo de la habitación vistiendo un exquisito traje azul que lo hacía ver demasiado follable, pero lo que más me llamo la atención fue la pelirroja que estaba a su lado. Era casi tan alta como él vestida con un traje Calipso que se ajustaba demasiado a sus curvas.

Perra.

Estaba delante de su escritorio, al parecer la mujer estaba sollozando y él la consolaba poniendo su mano en la espalda de ella.

Si tu mano sigue bajando, la cortaré Edward Cullen, pensé.

Tenían demasiada familiaridad. Edward se acerco más a ella susurrándole algo en su oído que no logré a escuchar. De pronto el rostro de la mujer cambio y comenzó a gritarle.

- ¡Beth y yo estamos en peligro! ¿Por qué no sólo nos ayudas?

- Shhh. Cálmate Lizzy – tomó sus hombros y la obligo a que lo mirara.  – Ya te dije, haré lo que pueda. Sólo dame unos días.

La pelirroja acarició su rostro lentamente y eso acabo con mi poca paciencia.

- Edward – dije entrando decidida por la oficina.

Los dos se sorprendieron por mi presencia. La mujer frunció el ceño mirándome fijamente.

- ¿Qué se supone qué es esto? ¿Quién mierda es ella?

La mujer enarco una ceja avanzando en mi dirección. - ¿Y quién mierda eres tú? – pregunto altanera. – Yo soy su…

- Nadie. – Dijo Edward interrumpiéndola. Puso su mano en su estomago corriéndola hacia atrás e interponiéndose entre ella y yo. 

 ¿Qué pensaba que iba hacer? ¿Pegarle? Rodee mis ojos, sólo quería que conociera mi mano, por zorra.

- Elizabeth hemos terminado. Cuando tenga todo listo te llamaré. – Dijo él con una voz seria y profunda sin dejar de mirarme o más bien a mi mano que picaba por arrojarle cualquier cosa que estuviera cerca. – Puedes irte.

- Pero Edward yo…

- Elizabeth. – Dijo mirándola enojado.

La pelirroja entendió que era mejor irse. Hecha una furia tomo su bolso que estaba en el escritorio.

- Bien. Llámame.

Camino por mi lado saliendo, la fulmine con mi mirada y Edward nuevamente se puso entre ella y yo.

- Bella – dijo él en un tono suave mirando cada uno de mis movimientos. A la muy zorra no le vendría mal un nuevo peinado con mis manos o quizás un labio roto.

Su mano tomo la mía pero la quite enojada.

- ¿Ahora me vas a explicar quién mierda era ella? – escupí molesta.

Paso su lengua por sus labios, me  miro y fue a cerrar la puerta.

- Nadie que sea de tu interés. – Dijo dándome la espalda.

- ¿Nadie de mi interés? – dije con los dientes apretados. – En verdad que no aprecias tu vida Edward Cullen – mi mirada viajo hasta un porta lápices de acero que quedaría perfecto sobre su rostro.

Volvió a pasar su lengua por su labio junto con su pulgar quemándome con su mirada y su media sonrisa.

- Así es. Y dime ¿estás lita para tu entrevista? – camino eliminando todo distancia que había entre nosotros. – Me encanta esa falda y… - deslizo su mano por debajo de mi falda tocando delicadamente mi entre pierna. – Veamos que hay ahí abajo.

 Rozó su mano un poco más adentro erizando mi piel - Mmmh… ¿ligueros? Sexy. Y dime cariño ¿todo esto es para el jefe de recursos humanos? Pequeña y sucia Bella Swan.

Lo aleje con mi mano pero él fue más rápido y me tomo de mi cintura atrayéndome a él. Sin previo aviso metió su lengua en mi boca mordiendo mi labio a su paso. Bastardo.

Era un bastardo que besaba condenadamente bien.  

Gimió sobre mis labios derritiéndome con su mirada.

- Jodidamente sexy señorita Swan. Creo que formal es mi nueva 
palabra favorita, nena.

- No trates de cambiar el tema Edward.

Esta vez su agarre fue más firme poniendo su pierna entre las mía, abriéndome y sus manos viajando de mis caderas hasta mi trasero de ida y regreso. Comenzó a dejar un camino de besos por mi cuello hasta llegar a mi escote que era demasiado generoso.

- ¿Celosa? – pregunto sonriendo en mi cuello.

Mis manos que estaban en su pecho le dieron un golpe.

- Eres mío. – Dije mordiéndolo.

- Por siempre, nena. – Volvió a besarme quitándome la respiración. – Ahora, tienes una entrevista que realizar.

Tomo de mi mano y tiro de mí pero yo no me moví. – Sabes bien que no daré ni un paso hasta que me digas quién era la zorra que estaba en tu oficina.

Rió dándome esa sonrisa torcida que me calentaba. – Bien. – Dijo caminando lentamente hacia mí.

- ¿Y? – espeté molesta.

- Era mi hermana..
.
.
.
.
.
.
.

 


No hay comentarios:

Publicar un comentario