CARELESSNESS
(Descuido)
(Descuido)
Amarte fue fácil
pensé que nunca me dejarías…
Alrededor de mi dedo te veo cuando te veo
Ahora estoy escuchando a mi alrededor
que estas dando vueltas
nunca pensé que te extrañaría
y ahora me siento como un tonto…
pensé que nunca me dejarías…
Alrededor de mi dedo te veo cuando te veo
Ahora estoy escuchando a mi alrededor
que estas dando vueltas
nunca pensé que te extrañaría
y ahora me siento como un tonto…
…
- ¿Bella? -
sentí que dijeron y esas cinco letras bastaron para acabar con mi respiración.
Me recordé a mi misma que tenía que respirar y
puse mi mano en la boca de Edward articulando con mis labios cállate.
Salí de los brazos de Edward y tome rápidamente mi
bata que estaba colgando de mi closet amarrando la cinta a mi cintura mientras
salía.
- ¿Garrett? – dije llegando a la sala. Él estaba
al medio de mi estrecha sala con una gran caja celeste en sus brazos.
- Amor – dijo dejando la caja en el sillón rojo
descolorido que estaba en la sala caminando hasta llegar a mí. Paso sus brazos
por mi cintura acercándome a él y besándome. No sabía cómo responder a eso.
Estaba entre choqueada por tener a Edward a tan sólo pasos, desnudo y en mi
habitación y por tener a Garrett atacando a mis labios sabiendo que esto iba a
traer problemas. Paso su mirada por mi cuerpo viendo que sólo traía puesta la
bata transparente roja que hacia entre ver gran parte de mi anatomía.
Con una sonrisa en sus labios y metiendo su mano
por la delicada tela de la bata llegando a mi piel desnuda me dijo:
- Linda bata, pero creo que te verías mejor sin
ella cariño.
Oh
no,
no, no. No podía follar con Garrett teniendo a Edward tan cerca. ¿No, cierto?
Intente quitarme de encima a Garrett que al
parecer estaba muy ansioso jugando con mi cuello.
- Amor… - me queje, puse mi mano en su pecho
poniendo un poco de distancia entre nosotros. – No puedo, digo quiero pero
estoy indispuesta. Tú sabes mi periodo y esas cosas.
Garrett junto nuestras frentes mientras se mordía
sus labios dándome esa sonrisa que me encantaba. – Esta bien. Lo entiendo. Ven
tengo algo que mostrarte.
Tomo la caja celestes y comenzó a caminar en
dirección a mi habitación.
- ¡No! – grite. Creo que no debí haber hecho eso.
- ¿Qué pasa? – pregunto confundido Garrett.
- Yo… - me mordí mi labio nerviosa. – Yo tengo
todo un caos ahí adentro y… no quiero que lo veas.
Garrett emitió una dulce risa acariciando mi
mejilla. – No serías la mujer que amo sino tuvieras un caos en tu habitación,
Bells. Vamos soy sólo yo.
- Pe...Pero…
No hizo caso de mis estúpidas escusas y abrió la
puerta que tanto temía.
Mierda. Mierda. Mierda.
- ¿Piensas quedarte todo el día parada ahí? – dijo
riendo.
- ¿Qué?
- Oh, vamos cariño. Es sólo la cama que no está
hecha y un poco de ropa desordenada. No matara a nadie.
¿Qué
mierda?, pensé. ¿Y
Edward?
- Ven siéntate aquí – dijo pasando su mano por un
lado de la cama. – Tengo una sorpresa para ti.
Decidí que tenía que parecer lo más normal posible
o sino Garrett se daría cuenta. Me obligue a mi misma a olvidarme del hombre
semidesnudo que anda en algún lugar de mi departamento.
- ¿Y bien? – dije sentándome y poniéndome mi
mascara.
- Un pajarito me conto que se acerca tu cumpleaños
y que nunca habías tenido una fiesta de verdad como correspondo.
Quise decirle que sí, que sí había tenido. Aunque
creo que emborracharme hasta la medula con Jane no era un idea exacta de fiesta
como corresponde para Garrett.
- Demasiados pajaritos por un día – musité sin
querer.
- ¿Qué?
- Oh nada, no me hagas caso.
Mis ojos se agrandaron por la sorpresa. Tome la
cinta que envolvía la caja y tire de ella abriéndola. Me quede sin aliento al
ver lo que había en ella.
- Woow – fue todo lo que pude decir. Pase mis dedos
nerviosos por la suave tela del vestido. Lo tome entre mis manos y lo saque de
la caja.
– Es… hermoso.
Me dio una cálida sonrisa acariciando mi mano. –
Me alegra que te haya gustado. El color combina con el de tus ojos. Aunque eso
es sólo la punta del iceberg. Lo mejor está por venir.
No sé si fue por el vestido o por las dulces
palabras de él o por la manera en la que se preocupaba por mí. Sólo sé que tuve
el impulso de arrojarme a sus brazos besándolo como si la vida se me fuera en
ello.
- Gracias. En serio, es muy lindo de tu parte.
Su mano paso por mi nuca pasando sus dedos por
ahí. Jugué con sus labios mientras lo besaba. Todo era tan putamente romántico
hasta que un ruido lo interrumpió todo.
Edward.
Mierda, me había olvidado de él.
- ¿Qué fue eso?
- ¡Mi estomago! – dije riendo y tocándolo. - ¿Te
importa si vamos a cenar? Muero de hambre.
Emitió ese sonido con su garganta que tanto me
gustaba cada vez que se encendía. – Esta bien. Comida. Creo que será bueno, yo
tampoco he comido nada.
- Mmmh… ¿por qué no me esperas en la sala y
escuchas música mientras me pongo algo de ropa?
Me dio un rápido beso diciendo: - Te espero
afuera. No tardes cariño.
Le guiñe un ojo y conté hasta diez para vestirme
rápidamente con unos jeans que estaba por el suelo junto con una blusa de
tirantes. Al agacharme me di cuenta que casi se veía parte de la chaqueta de
Edward que estaba debajo de la cama. Por suerte que Garrett no la vio.
Dios,
te debo una.
Tome la chaqueta y fui hasta el baño de mi
habitación. Abrí la puerta y allí, escondido en la bañera estaba Edward. Le
tire la chaqueta en su cara mientras le tiraba un beso al aire. No se veía nada
de contento, pero no importaba. Que se joda.
Levante mi bolso que también estaba en el suelo
saliendo de mi cuarto.
- Estoy lista amor.
.
.
.
.
.
.
.
Mientras caminaba iba
bajando mi falda que se subía cada vez que mis piernas se movían. Edward había
dicho “formal”, como si yo y esa
palabra nos lleváramos bien. Habíamos quedado con que iría por el puesto de
secretaria suplente o alguna mierda parecida.
“Tienes
que ir formal, sonreír y yo haré el resto”, fueron sus
palabras.
Lo cierto es que lo único más formal que tenía era
esta estúpida falda negra que habíamos comprado Jane y yo para halloween.
Éramos secretarias sexys, por supuesto. No me puse lo que el disfraz llevaba en
la parte superior porque sospechaba que Edward no lo aprobaría. Así que tuve
que comprar una blusa roja demasiado chic, si se me pregunta.
Pensar en Jane hizo que mi estomago se revolviera.
La extrañaba, la extrañaba demasiado para mi propio bien.
Edward no lo había dicho directamente pero me hizo
saber entre otras palabras que iba a “observar” el movimiento de la empresa. En
otras palabras… espiar.
Empresas Hedlund era una de las herencias más
grandes que tenían los hermanos Hedlund, es cierto que la empresa estaba
dividida en acciones pero aún así Joseph el padre de Garrett y Esme la madre de
Edward tenían la mayor parte del directorio.
En breves palabras Edward me dejo saber que su
abuelo era un poderoso hombre de negocios machista que al morir le heredo el
cuarenta porciento de sus acciones y el resto de su dinero a su hijo mayor y
sólo el veinte porciento a su hija Esme
ya que él decía: “a Esme la tiene que
mantener su marido”.
Por la manera en la que hablaba Edward, su abuelo
nunca lo había aceptado. Un joven Edward había hecho de todo por serlo,
estudiando la carrera que su abuelo le había dicho que estudiara, trabajando en
la empresa que su abuelo había formado y sacándola a flote. Pero al parecer
nada de esto le sirvió ya que Thomas Hedlund ya tenía un nieto favorito;
Garrett.
Edward no lo demostraba, y es que de si caretas se
trataba, él era un experto, sin embargo, a pesar de todo eso podía darme cuenta
del odio y los celos que sentía hacia su primo.
Un joven y rebelde Garrett hacia de todo para
disgustar al patriarca de la familia, dejando la universidad, yéndose a
recorrer el mundo tirando su vida al destino y a pesar de eso Garrett era los
ojos de su abuelo.
Edward había estado por más de cinco años en la
presidencia de la empresa, pero todo se le podía venir abajo ya que al que le
correspondía ocupar ese puesto era a Garrett. Y ahora que él había vuelto,
Edward estaba en un terreno arenoso en el cual en cualquier momento podría
hundirse.
Según Edward mi único trabajo iba a ser: servir
café, sacar fotocopias y escuchar lo que se decía sobre él y su puesto en el
directorio. Cualquier movimiento que es
anticipado puede ser contralado, decía él.
El edificio de empresa era gigante, con enormes
ventanales que hacían reflejar la luz del sol, haciéndolo brillar. Tenía unas franjas blancas en su fachada dándole
un aspecto de asimetría en su exterior, bello. Me pare en la puerta principal
dando una fuerte exhalada de aire.
Sólo
sonríe y camina, sonríe y camina, me dije a mí misma.
La oficina de Edward estaba en el piso trece, tuve
que tomar el ascensor para llegar hasta allá. Cuando las pesadas puertas de
acero se abrieron vi un largo pasillo gris que daba directo hasta unas puertas
mucho más grandes que las del ascensor, de acero quizás, con algunas marcas y
figuras en ellas. El puesto de la secretaria de Edward estaba vacío así que
camine directo hasta llegar a la oficina principal.
Las puertas estaban entre abiertas por lo que pude
ver a Edward en el fondo de la habitación vistiendo un exquisito traje azul que
lo hacía ver demasiado follable, pero lo que más me llamo la atención fue la
pelirroja que estaba a su lado. Era casi tan alta como él vestida con un traje
Calipso que se ajustaba demasiado a sus curvas.
Perra.
Estaba delante de su escritorio, al parecer la
mujer estaba sollozando y él la consolaba poniendo su mano en la espalda de
ella.
Si
tu mano sigue bajando, la cortaré Edward Cullen,
pensé.
Tenían demasiada familiaridad. Edward se acerco
más a ella susurrándole algo en su oído que no logré a escuchar. De pronto el
rostro de la mujer cambio y comenzó a gritarle.
- ¡Beth y yo estamos en peligro! ¿Por qué no sólo
nos ayudas?
- Shhh. Cálmate Lizzy – tomó sus hombros y la
obligo a que lo mirara. – Ya te dije,
haré lo que pueda. Sólo dame unos días.
La pelirroja acarició su rostro lentamente y eso
acabo con mi poca paciencia.
- Edward – dije entrando decidida por la oficina.
Los dos se sorprendieron por mi presencia. La
mujer frunció el ceño mirándome fijamente.
- ¿Qué se supone qué es esto? ¿Quién mierda es
ella?
La mujer enarco una ceja avanzando en mi
dirección. - ¿Y quién mierda eres tú? – pregunto altanera. – Yo soy su…
- Nadie. – Dijo Edward interrumpiéndola. Puso su
mano en su estomago corriéndola hacia atrás e interponiéndose entre ella y
yo.
¿Qué
pensaba que iba hacer? ¿Pegarle? Rodee mis ojos, sólo quería que conociera mi
mano, por zorra.
- Elizabeth hemos terminado. Cuando tenga todo
listo te llamaré. – Dijo él con una voz seria y profunda sin dejar de mirarme o
más bien a mi mano que picaba por arrojarle cualquier cosa que estuviera cerca.
– Puedes irte.
- Pero Edward yo…
- Elizabeth. – Dijo mirándola enojado.
La pelirroja entendió que era mejor irse. Hecha
una furia tomo su bolso que estaba en el escritorio.
- Bien. Llámame.
Camino por mi lado saliendo, la fulmine con mi
mirada y Edward nuevamente se puso entre ella y yo.
- Bella – dijo él en un tono suave mirando cada
uno de mis movimientos. A la muy zorra no le vendría mal un nuevo peinado con
mis manos o quizás un labio roto.
Su mano tomo la mía pero la quite enojada.
- ¿Ahora me vas a explicar quién mierda era ella?
– escupí molesta.
Paso su lengua por sus labios, me miro y fue a cerrar la puerta.
- Nadie que sea de tu interés. – Dijo dándome la
espalda.
- ¿Nadie de mi interés? – dije con los dientes
apretados. – En verdad que no aprecias tu vida Edward Cullen – mi mirada viajo
hasta un porta lápices de acero que quedaría perfecto sobre su rostro.
Volvió a pasar su lengua por su labio junto con su
pulgar quemándome con su mirada y su media sonrisa.
- Así es. Y dime ¿estás lita para tu entrevista? –
camino eliminando todo distancia que había entre nosotros. – Me encanta esa
falda y… - deslizo su mano por debajo de mi falda tocando delicadamente mi
entre pierna. – Veamos que hay ahí abajo.
Rozó su
mano un poco más adentro erizando mi piel - Mmmh… ¿ligueros? Sexy. Y dime
cariño ¿todo esto es para el jefe de recursos humanos? Pequeña y sucia Bella
Swan.
Lo aleje con mi mano pero él fue más rápido y me
tomo de mi cintura atrayéndome a él. Sin previo aviso metió su lengua en mi
boca mordiendo mi labio a su paso. Bastardo.
Era un bastardo que besaba condenadamente bien.
Gimió sobre mis labios derritiéndome con su
mirada.
- Jodidamente sexy señorita Swan. Creo que formal
es mi nueva
palabra favorita, nena.
- No trates de cambiar el tema Edward.
Esta vez su agarre fue más firme poniendo su
pierna entre las mía, abriéndome y sus manos viajando de mis caderas hasta mi
trasero de ida y regreso. Comenzó a dejar un camino de besos por mi cuello
hasta llegar a mi escote que era demasiado generoso.
- ¿Celosa? – pregunto sonriendo en mi cuello.
Mis manos que estaban en su pecho le dieron un
golpe.
- Eres mío. – Dije mordiéndolo.
- Por siempre, nena. – Volvió a besarme quitándome
la respiración. – Ahora, tienes una entrevista que realizar.
Tomo de mi mano y tiro de mí pero yo no me moví. –
Sabes bien que no daré ni un paso hasta que me digas quién era la zorra que
estaba en tu oficina.
Rió dándome esa sonrisa torcida que me calentaba.
– Bien. – Dijo caminando lentamente hacia mí.
- ¿Y? – espeté molesta.
- Era mi hermana..
.
.
.
.
.
.
.


No hay comentarios:
Publicar un comentario