ESSENTIALITY
(Esencialidad)
(Esencialidad)
Te quiero sólo porque a
ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándome te ruego,
y a la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.
te odio sin fin, y odiándome te ruego,
y a la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.
Tal vez consumirá la luz
de enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.
En esta historia sólo yo
me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego.
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego.
Tenía la
cabeza entre las piernas, sentada en mi cama. No había podido dormir en toda la
noche y la resaca me estaba pasando la cuenta.
- ¿Por qué
me miras así? – pregunte a Jane con la voz rasposa.
Dudo un momento en responder, luego se sentó conmigo en la cama jugando con mi pelo.
- Llevas
horas así cariño. Me estoy empezando a preocupar – tenía el ceño fruncido,
mordiéndose el labio.
- Quiero
llorar… pero no puedo – me levante de la cama, caminado de un lado a otro. – Es
como si estuviera… seca, vacía.
- Escuche lo
de anoche. Lo siento Bells, estaba tan borracha que ni si quiera mi culo podía.
Reí. – No te
preocupes, me las pude arreglar.
- No suenas
nada de bien. De hecho, como la mierda.
- Siempre
tan sincera Henderson.
Jane se puso
a mi lado abrazándome y poniendo su cabeza en mi hombro. – Así
soy yo nena.
Baje las
escaleras. Vi el enorme desastre que era mi departamento. La alfombra estaba repleta
de vidrios de distintos tamaños y olía a trago barato. Un asco total.
Camine en
puntas para no enterrarme ninguno, fue en ese momento que me di cuenta que
estaba descalza. Era como si estuviera en una nube, sin darme cuenta de nada de
lo que me rodeaba.
Saque una
manzana roja. La mire por un largo rato luego la pase de una mano a la otra.
Era redonda, suave y muy roja. Tenía una cierta obsesión con las manzanas. La
acerque a mi nariz y me deje llevar por su aroma, era exquisita. Le di un lento
mordisco deleitándome con cada parte de ella.
- Nunca
había visto a una persona comer una manzana con tantas ganas – dijo Jane
rompiendo el momento.
- Cállate.
- ¿No se
supone que deberías estar en la casa de los Cullen?
- No voy a
ir. Emmett no me va acompañar, tiene que arreglar alguna mierda con el bar.
- Edward
perro bastardo Cullen creerá que es por él.
-No me
importa. Que le den.
- ¿Segura?
Pienso que deberías ir. Demostrarle que te importa menos que un pepino. Quién
sabe y encuentras con quien divertirte – dijo levantando las cejas.
Lo pensé por
un momento. Quizás sería bueno ir y fastidiarlo un poco pero luego mire el
reloj, no llegaría ni aunque me fuera en este mismo instante.
- No. Ya no
alcanzo a llegar.
Jane me dio
una sonrisa picara. Llevo su mano a la parte trasera de sus jeans y de ellos
saco un juego de llaves moviéndolas enfrente de mí.
- ¿Dimitri
te presto su auto? – pregunte con incredulidad.
- Bueno, lo
que se dice prestar, prestar… no. Más bien fue pedir prestado, sin pedir.
- Oh, oh.
Alguien va a estar en problemas.
- Bueno,
bueno ¿quieres que te lleve sí o no?
*
*
*
*
*
Los tacos
que llevaba puesto chocaban con la acera haciendo un sonido estruendoso,
volviéndome loca. Por un momento casi me caigo, al parecer el efecto
Edward
todavía estaba conmigo.
Jane me
había dejado cerca del circuito de la gran casa – era una mierda de lejos – ya
que el inusual guardia no dejo entrar al cacharro de auto en el que veníamos.
Era un sector muy resguardado y de gente podrida en dinero.
En esta
villa vivían los padres de Edward y justo unas manzanas más abajo se hallaba la
de él con Alice. Todo estaba perfectamente limpio y ordenado. Los jardines y
arboles estaban podados e incluso había algunos con diseños. Todo en el mismo
jodido paquete.
Al ir
caminado me arreglaba mi vestido. Había escogido el mismo vestido negro que me
compro Edward hace tanto tiempo atrás. Eran muy pocas las veces que lo ocupaba
y al parecer el maldito se había encogido o algo por el estilo ya que a cada
paso que daba podía sentir como se subía por mis piernas.
Alguien tomo
mi brazo acercándome a él por detrás y susurrando en mi oído. – Ya sabía yo que
había visto esas majestuosas piernas antes. – su voz era grave y sensual, tan
atrayente que enviaba escalofríos a mi cuerpo.
Di vuelta mi
rostro para ver al hombre que me sujetaba firme mi brazo. Me encontré con los
profundos ojos celestes de alguien. ¡Era
él!
¡El chico de
estacionamiento!
Interiormente
quería saltar y dar grititos por el aire. Pero no. Tenía que comportarme como
una chica grande.
- ¿Me
recuerdas cierto? Porque yo no he podido olvidar esos hipnotizantes ojos
verdes. – dijo con una sonrisa en sus labios.
Ahora vestía
más casual, como un joven y alocado. Traía una chaqueta de cuero junto con unos
jeans negros y una camisa blanca. Muy apetecible.
Lo mire y
también más allá de él. Atrás se veía su BMW negro y ver el lugar que nos
rodeaba hizo prender la ampolleta en mí.
Si Edward no
me iba a dar lo que merecía, siempre podía tener un plan B.
Desplegué
toda mi sensualidad en él. Acorte la mínima distancia que nos separaba
volviendo su aliento con el mío en uno solo.
- Como
olvidar esa sonrisa y qué decir de lo demás.
Como su auto, canto mi pepe grillo.
Trate por
todo el infierno de recordar su nombre. Tenía por ley olvidarme de todo aquel
con el que me acostaba si no servía para mis propósitos. Me aleje de él
sonriéndole. Ya me acordaría.
- ¿Vives por
aquí? – pregunte casual.
- Dios me
libre de hacerlo. No encajo en un lugar tan estirado y lleno de gente
hipócrita. Es más, pensé que iba a arruinar mi día al tener que venir aquí.
Pero como veo… estaba equivocado – se movió algo dudoso y luego metió sus manos
a los bolsillos. Conocía eso, a pesar de estar sonriendo y mirándome podía ver
más allá de eso y sentir lo nervioso que se ponía. Era el efecto Bella. - ¿Y
tú? ¿Vives por acá?
Já, ya quisiera ella, dijo mi pepe grillo abanicándose, mataría por hacerlo.
- No. De
hecho vine a una fiesta, bueno más bien a un cumpleaños.
Él rió. –
Que coincidencia yo también.
Había cierto
brillo salvaje en su mirada que vagaba por mi cuerpo entero. Si había algo de
lo que carecían los hombres era de discreción. Un silencio se entablo entre
nosotros y por raro que pareciera no era incomodo. Me gustaba. Aun así tenía
que jugar mis cartas.
- Bien creo
que me tengo que ir. Ya voy algo tarde y Alice me matará si no llego a la hora.
- ¿Alice?
¿Alice Cullen?
¡Mierda, si!
Acabas de firmar tu sentencia. Que Dios
se apiade de ti o más bien de tu chequera.
La voz de mi
pepe grillo era realmente fastidiosa.
- Si. ¿La
conoces? – dije jugando con mi cabello.
- ¿Qué si la
conozco? Pff llevaba revoloteando en mi vida desde hace muchos años – rió. –
Está casada con mi primo.
Algo hizo
clic en mí. ¿Primo de Edward? Esto cada vez se ponía mejor.
- Vaya que
es verdad de que el mundo es un pañuelo. Alice es mi mejor amiga.
- Cada
vez se arregla más mi día. Vamos, yo te
llevo a la casa. Aun queda mucho camino.
Asentí.
Intento tomar de nuevo mi brazo para llevarme al coche pero yo me aleje de él
caminado más rápido. Esta vez no se la pondría tan fácil.
Me abrió la
puerta y yo entre en el lujoso BMW negro. Olía también como lo recordaba. Una
rara mezcla entre el olor a pino y silicona para autos.
Forzaba a mi
jodida mente para que recordara su nombre, la exprimía como una naranja pero
nada. No podía acordarme. Se sentó en el coche y luego puso sus manos en el
manubrio tamborileando sus dedos en él.
- ¿Ahora me
dirás tu nombre, señorita enigma? – poso su mirada en mí, en mí escote mejor
dicho. Hombres.
- Dame una
razón para hacerlo – dije, coqueta.
Dio una
carcajada mientras encendía el auto.
- Bueno
primero que nada vamos al mismo lugar. Más de alguien debe saber más que tu
nombre y créeme que no dudare en preguntar sólo eso – puso su mano en la
palanca de cambios rozando con mi pierna. – Y además esta es la segunda
oportunidad en la que nos encontramos. No creo en las coincidencias así que no
la desperdiciare.
Sonreí. - Me
convenciste. Me llamo Bella.
- Bella… – dijo mi
nombre lentamente, memorizándolo. – Bella, Bella, Bella. Te confesaré algo
Bella, pase muchas noches tratando de adivinar ese nombre y nunca jamás llegué
a pensar en que sería ese. Aunque eso sí, le haces honor a él, Bella.
El resto del
camino lo hicimos en silencio. Desde lejos se observaba la edificación de los
Cullen. Estaciono el auto casi en la entrada y luego se bajo a abrirme la
puerta. Cuando me baje pude ver a Edward conversando en la entrada con Victoria
y Alice.
Su mirada se encontró con la mía y la sonrisa que llevaba se le desvaneció.
Sonreí. Pase mi brazo por debajo del de él apegando mi cuerpo al suyo. Una
llamarada se encendió en los ojos de Edward. ¡Bien! Toma esa cabrón.
Pero él no
fue el único en darse cuenta de nuestra presencia. Victoria giro su rostro
viendo en donde Edward fijaba su vista. Podía apostar todo el té de china a que
ella sabía algo.
Probablemente no todo concretamente, pero lo intuía. Una fugaz
mueca paso por su rostro antes de ver quién estaba de mi brazo.
- ¡Hermanito!
– paso rápidamente a abrazarlo, separándolo de mí.
- ¡Vaya,
vaya! Pero miren a quién ven mis ojos. – dijo Edward apretando fuertemente la
mano de él. – Garrett Hedlund.
¡Garrett! Anotado y archivado. Pensé triunfante.
- Edward
Masen – dijo alegre Garrett mientras lo abraza. – No pasan los años por ti eh.
- ¿Y a mí no
me saludas? – dijo Alice apareciendo de la nada.
- Claro que
si pequeña. Pero esperen un momento… - Garrett observo a Alice con gesto
pensador. – Juraría a que la última vez que te vi estabas más grande ¿Qué paso
Brandon?
Todos
rompieron en risa. Era estúpido, realmente estúpido. Sólo sonreí para
disimular. Mi mirada inquisidora se clavo en Edward. Le sonreí.
Hijo de puta.
- Feliz
cumpleaños – dije abrazando a Victoria.
- Gracias –
dijo ella con una sonrisa falsa. - ¿Se conocen? – pregunto mientras nos
señalaba a mí y a Garrett.
Garrett me
miro dándome una coqueta sonrisa y me giño un ojo. – Planeo hacer más que eso.
- ¡Oh vamos!
Pero que es de lo que me perdí – dijo intentando ser graciosa Alice. –
No me habías
dicho nada Bells. Pensé que no teníamos secretos amiga.
Paso un
brazo por mis hombros dándole un leve apretón. Me sentí incomoda. No me gustaba
que me abrazara. Ni nada por el estilo.
Pasamos al
interior de la casa donde todos saludaron efusiva y a mi parecer exageradamente
a Garrett. Podía ver lo incomodo que le resultaba estar allí.
Deambule por los
pasillos mientras tomaba una copa de alguna mierda que estaban sirviendo los
camareros. ¿Dije una copa? No, olviden eso. Varias copas. La casa era inmensa.
Todo olía tan bien. Deje a mi mente divagar en lo que sería mi vida en una casa
como esta. Repleta de sirvientes. Con la alacena llena. Una piscina donde nadar
todos los putos días del año. Imaginaba como eran las habitaciones. Lo grande
que deben ser las camas y lo suave y acolchadas que serian.
Cerré mis
ojos llevándome por mis fantasías, hasta que sentí unas fuertes manos que
apretaban mi cuello arrastrándome por el pasillo.
- ¡¿Estas
putamente loco?! – Grite intentado quitar las manos de mi cuello.
Pero se me fue imposible, sus manos apretaban férreamente metiéndome en una de las habitaciones. Me acorralo, dejándome atrapada entre él y la pared.
- ¿Te lo
follaste? – pregunto con los dientes apretados. Su nariz rozo mi cuello
expulsando su cálido aliento. ¡Diablos! Olía tan jodidamente bien.
- Qué mierda te importa. – dije escupiendo cada palabra.
Rió irónico. – Respuesta equivocada querida.
Sus manos pasaron veloz de mi cuello hasta mi falda subiéndola y metiendo dos dedos en mi sensible coño.
- Repito mi pregunta ¿Te lo follaste? ¿Dejaste que ese imbécil te tocara?
Sus dedos giraron bruscamente en mi interior. Sin querer un gemido salió de mis labios. Su mirada se quedo clavada en ellos. Saco su lengua y la paso desde mi cuello hasta llegar a mi mandíbula. Ahí dio un corto beso, y luego otro y otro hasta llegar a mis labios y sin aviso previo metió su lengua en mi boca. Como si estuvieran sincronizados sus dedos y su lengua se movían al mismo ritmo. Me atacaban sin piedad. Era posesivo, casi animal.
Jade en busca de aire. Dejo mis labios hinchados por aquel brusco beso. Su mirada era seria, ardía, me quemaba.
Gruñó y metió otro dedo en mí. Dios, era jodidamente caliente tenerlo así. Quería que siguiera. Si, quería que me hiciera venirme. Pero, agg, era un maldito bastardo, lo sabía. No podía evitar quemarme por las llamas del infierno.
- No juegues conmigo Isabella. – su boca volvió a mi cuello. Lo chupo y mordió a su antojo. Se sentía tan malditamente bien y de pronto entro en mi haciéndome gritar. Me penetro de una manera que debería ser ilegal. Me volvió a besar para acallar mis fuertes gemidos.
Entraba una y otra vez. Sus estocadas eran firmes y certeras. Lo sabía, me estaba marcando.
- Eres mía – una nueva estocada – nunca lo olvides.
Se hundía dentro de mí. Mis piernas se enrollaron a él para que así pudiera enterrarse más en mí. Como si eso fuera posible.
- Mmmh. – gemía buscando liberarme.
Volvió a dar una carcajada sardonica. – No haces falta que me conteste. Eres una pequeña putita en busca de dinero. Claro que te lo follaste. – sus palabras estaban cargadas de rabia y odio. – Pero yo te puedo dar más. Eres un muy buen coño. Demasiado cogible.
Sus palabras me herían. Él lo sabía. No podía detenerlo, estaba tan intoxicada con él que lo necesitaba tanto o más que el aire. Mis pulmones quemaban. Quería odiarlo. Quería poder olvidarme de él y mandarlo a la mierda pero mi razón ya no estaba en mí.
-¿Por qué me haces esto? – dije con la voz quebrada. Edward me lastimaba. Me dañaba.
Volvió a besarme. Era un beso necesitado y exigente. Podía sentir todo el peso de su cuerpo. Mi cuerpo entero ardía. Quería llegar pero Edward no me lo permitía. Cuando se daba cuenta que ya estaba por correrme se detenía y sus estocadas eras más lentas. Era un continuo ir y venir por parte de él.
- Oh nena – acerco su frente a la mía dando un profundo suspiro – yo te amaba ¿me hubieras dejado si un hubiese tenido dinero? Claro que sí, que estúpido soy, pero aun así ¿sabes qué? Te amo.
Me miro y me abrazo sentí que podía ir y volver. Sus palabras me dejaban sin aire.
- Te amo de una jodida manera que no puedes ni imaginarte. Dios, Bella. Dime que me amas. Lo necesito. – con sus manos agarro mi cara fijando directamente sus ojos con los míos. - ¡Diablos, Isabella dímelo!
- ¡TE AMO!
Grite y todo dentro de mi exploto. La habitación completa giraba a mi alrededor y lo único que podía sentir era esa sensación de locura que arrasaba conmigo. Me expulsaba fuera de serie.
Nuestras respiraciones eran erráticas. El latir de nuestro corazón llegaba a un límite ensordecedor.
- Juntos podemos tener todo lo que queramos, nena.
Me beso y salió de dentro de mí. Mis piernas estaban como gelatinas al sentir el suelo debajo de mis pies.
Arreglé mis bragas junto con mi falda. De pronto las palabras de Edward tomar sentido.
- ¿De qué hablas? – pregunte aun dudosa.
Termino de
arreglarse los pantalones y me miró. Su mirada era despiadada y desalmada. Era
como si el hombre que me había dicho te amo hubiese sido encarcelado por ese
ser sin alma. Se acerco a mí susurrando en mi odio.- Podemos sacarles todo el dinero e irnos a donde se nos de la puta gana. – beso mi frente inhalando mi aroma. – Piénsalo nena.
Y se fue. Dejándome allí presa de mis pensamientos y de las miles de posibilidades de lo que podría ser ahora nuestro futuro.


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