
INSATIABILITY
(Insaciabilidad)
Purificar el corazón
antes de permitir que el amor se asiente en él, ya que la miel más dulce se
agria en un vaso sucio.
El lápiz en
mi mano izquierda giraba y giraba, tratando de recordar todas las cosas que
necesitaba. En ella escribí:
* Pasta
dental (de vital urgencia)
* Toallitas
desmaquillantes (mi cutis lo pedía a gritos)
*UN NUEVO ORDENADOR
Esto último
lo subraye y remarque ya que era lo más importante. Mi ordenador anterior dio
su último suspiro de vida hace más de cuatro semanas y todavía me hallaba en
busca de uno nuevo. No por falta de ganas – créanme – sino porque mi situación
económica me lo impedía.
Comencé a
golpear el lápiz con la mesa provocando un tic, tic, tic. Relajante.
Repase mis
ideas para nuevos ingresos de dinero.
Podía
pedirle a Emmett un nuevo adelanto pero estaba segura de que mis números
estaban muy en negativo sobre mi cuenta. Probablemente le debía alrededor de
unos quinientos o más dólares. Estaba casi segura de que si no fuera por mis
artimañas me quedaría sin sueldo alguno. ¡Una atrocidad!
Luego me
quedaba buscar un nuevo empleo, sin embargo, no lo estaba considerando
formalmente. Ciertamente no sabía hacer mucho y odiaba que me mandaran o estar
bajo el mandato de alguien.
Rápidamente
tache, aplaste y pulvericé esta idea en mi cabeza. Con el asqueroso bar me
bastaba y sobraba. Gracias, pero no gracias.
Por
consecuencia me quedaba solo una opción: Edward
Cullen.
Tendría que
arreglármelas para sonsacarle algo de dinero sin tener que quedar como
aprovechada frente sus ojos.
“Claro, como si no lo fueras” susurró mi pepe grillo feminista. “Las mujeres que lucharon por la independización del género femenino deben estar revolcándose en sus tumbas por tu
actitud”
En ciertos
momentos tener que soportarla era agotador. Aunque no lo crean tengo una
conciencia, que a decir verdad casi nunca escuchaba pero que a pesar de todo
ahí estaba. Siempre, siempre.
24/7, sin
festivos ni vacaciones.
A lo largo
de todos estos años había aprendido a ignorarla. Ya sea tarareando una canción
– táctica no muy recomendada ya que siempre lograba penetrar en mis
pensamientos – y la otra era tener pensamientos pecaminosos. Pensar en la gran
polla de Edward entrando y saliendo de mí, percibir el irresistible cuerpo de
Emmett sucumbiendo bajo mis caricias o mejor aun fantaseando con algún trio
entre los tres. Edward por delante y Em por atrás. De sólo imaginármelo podía
sentir mi cuerpo subiendo de temperatura y mi entre pierna humedecerse.
No, ahora sí
que se me era imposible planear alguna cosa. Plantando la imagen de dos hombres
entrando y saliendo de mi cuerpo, no podía para de pensar en ello. Sentir ese
cúmulo de embriaguez en mí, me enardecía por completo.
Uno, dos, profundo.
Uno, dos, más adentro.
Uno, dos, enterrándose en mí.
Uno, dos, arrasando conmigo, llevándome al borde de
la lujuria.
Indeliberadamente
me mordí mis labios, pasando la lengua por ellos,
Uno, dos, ambas vergas sincronizadas.
Uno, dos, uno, dos…
Podía sentir
mis mejillas calentándose, de hecho, mi cuerpo entero ardía, ebullia, quemaba.
Indagando con que divertirme mire hacia la barra buscando con quien podría
saciar mi sed de sexo.
De sexo lujurioso.
De sexo salvaje.
De sexo sucio.
Si había
algo que me calentara más que pensar en un trio, era tener sexo con un
desconocido. Con un desconocido en un lugar público. Me ponía a mil sentir que
en cualquier momento podría ser descubierta o mejor aun ser observada.
En algo de
lo que estaba segura era de la belleza de mi cuerpo. Mis senos redondos, suaves
y sensibles al tacto. Mí levantado y respingado
trasero que se abría a la polla que fuera sin perder el encanto. Y mi
coño. Mi resbaladizo y jugoso coño. Volvía loco a cualquiera.
Escanee
nuevamente el bar y ahí fue cuando lo vi.
Era alto, no
muy musculoso, sin embargo, su camisa se amoldaba perfectamente a su pecho. La
postura en la que se encontraba, muy seguro de sí mismo, emitía sexo puro. Su
mirada se encontró con la mía, sus ojos eran de un azul profundo, caliente.
Deliberadamente lleve mi mano hasta mi cuello, lo sobe bajando hasta el
nacimiento de mis pechos.
Llevaba
puesta una camisa con botones que lentamente desabroche uno y luego otro. Con
un dedo hice círculos cadenciosos sobre uno de mis senos. El color de mi piel
era de un blanco cremoso, invitando a ser degustado. Luego seguí con otro botón
dejando entrever parte de la copa de mi brasier.
Me dio una
pequeña sonrisa lujuriosa, vi como su respiración se ponía cada vez más pesada,
errática.
No
aguantando más este fuego que se apoderaba de mí, le guiñe un ojo y me dirigí
hacia la salida contorneando mis caderas, rozando mi necesitada vagina con mis
piernas juntas.
Con mi mano
jugué con mi pelo hasta que sentí el cálido aliento en mi oreja.
- ¿Queriendo
divertirte, nena?
Estando
detrás de él di una sonrisa lobuna y guie mi mano hasta su parte baja. Tantee y
apreté su jugoso pene y mi boca se hizo agua.
- Ansiosa por
jugar contigo, bebé – le susurre
pasando mi lengua por su barbilla llegando al nacimiento de sus labios. Pasé mi
lengua por ellos, mordiendo a mi paso, succionando su labio inferior y por
último metiendo salvajemente mi lengua en ella.
Creo que le
di a entender muy bien lo que deseaba ya que rápidamente me llevo a la parte
trasera donde se encontraba el estacionamiento. Fugaz saco unas llaves de su
bolsillo haciendo sonar la alarma de un majestuoso auto.
Sin duda, no
me había equivocado. Seguramente tenía una cuenta bancaria con muchos ceros a
su favor. Lamentablemente no podía comprobar si su casa era tan malditamente
buena como su auto.
Mentalmente
conté los minutos que tendría antes de que alguien se diera cuenta de que me
había salido del bar.
Sexo en el auto.
Caliente y morboso.
Desabroche
fugaz los botones que quedaban en mi ajustada camisa reluciendo el brasier rojo
que llevaba. Cuando intento prender el motor tome su brazo y abriendo mis
piernas dejándole saber que lo quería hacer aquí.
Aquí y ahora.
Corrió el
asiento hacia atrás dejándome mayor espacio el cual aproveche feliz.
Felinamente me monte encima de él. Sus manos atacaron audaz mis tetas, las saco
por sobre mi brasier chupándolas, jugando con mis pezones.
- Mmmh… que
rico – ronronee. Amaba que jugaran con mis tetas.
Siguió
chupándolas mientras yo me movía impaciente sobre su polla. Desabroche su
pantalón queriendo liberar su polla rápido. Quería que me penetrara ahora. Ya.
Impaciente
me levante un poco para sacar mis diminutas y delgadas braguitas. Con mi mano
subí y baje por su verga escuchando sus gemidos, hasta que lo sentí suficiente
dura y me empale con su falo.
- ¡Diablos,
sí! ¡Más, más, más! – grite al
sentirlo llenarme. Amaba la sensación de estar llena. De sentir como entraba y
salía de mi sin piedad. Me moví como posesa en círculos sobre él, internamente
me regañe por no haber usado condón. Yo era jodidamente religiosa con ese tema
y sobre todo si de extraños se trataba, pero ¡diablos! Estaba tan caliente.
Acerque mis
tetas para que su boca tuviera mayor acceso a ellas.
- Chúpalas.
– le pedí gimiendo
Arremolino
su lengua en mis pezones, se sentía caliente sobre mí al igual que su pene.
Saciándome.
Queriendo
que se corriera pronto le hable sucio.
- Vamos métemela, bebé, más fuerte.
Lléname con tu verga caliente, oh sí, sí, más, Mmmh….
Su lengua
entro sin reparo en mi boca jugando con mi lengua, sus manos exprimían mis
tetas mientras saltaba empalándome en él.
Podía sentir
como me faltaba el aire, mis mejillas ponerse rojas y calientes, mi coño
apretándolo.
Y llego, en
un gemido errático me deje llevar.
Amaba tener
sexo.
Amaba tener
orgasmos.
Amaba sentir
como un hombre podía llevarme a la locura.
¡Diablos, sí!
Estaba tan
anonadada en el éxtasis que me poco me importo que el tipo se viniera
en mí ¡cielos!
Su semen me
lleno a más no poder, derramándose completamente por las paredes de mi vagina.
Me sentía
resbaladiza, mojada. Perezosa lo saque de dentro de mí y me senté en el asiento
del copiloto. Todavía llevaba mi falda. Al acomodármela me di cuenta que tenía
una pequeña mancha de semen. ¡Genial!
El chico tenía
una amplia sonrisa mostrando todos sus dientes jodidamente blancos.
Definitivamente
era sexy y caliente.
Termine de
vestirme dejándole un regalo en la parte de abajo del asiento que le recordaría
que buen momento habíamos pasado y salí del auto. Mi tiempo afuera se había
acabado.
Al verme
salir, el chico salió rápidamente del auto subiéndose y abrochándose los
pantalones.
- ¡hey!
¿Sólo eso? ¿Al menos me dirás tu nombre? – dijo con una coqueta sonrisa.
Se
acerco a mí, con su mano metió un mechón de pelo detrás de mi oreja.
- ¿Tú me
dirás el tuyo?
- Garrett
Hedlund – dijo comiéndome con la mirada. ¿Es que los hombres nunca se saciaban?
A corte la
distancia que nos separaba y le susurre – Lo siento cariño pero lo único que
tendrás de mi será esta noche.
Le di un
pausado beso en su mejilla y sin más camine contorneándome saliendo del
estacionamiento.

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