viernes, 11 de octubre de 2013

Capítulo 2: COMPATIBILITY


DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia solamente mía.


“In the shadows”
 
                         COMPATIBILITY
                                                 (Compatibilidad)

Desear no es querer. Se desea lo que se sabe que no dura. Se quiere lo que se sabe que es eterno.

Desperté con mi cuello hecho mierda. Me dolía como el infierno, ni siquiera podía mirar a los lados.
Deambule como zombi por todo el departamento buscando el cheque que Edward debía de haberme dejado. Finalmente lo encontré en la cajita donde se cuelgan las llaves, doblado alrededor de él se hallaba una pequeña nota:
No podremos vernos hasta que llegue de New York.
Ya te extraño, estaré contando los días.
Te amo.
Mire la cantidad escrita en el cheque, no era una alarmante cantidad pero al menos me serviría por un par de semanas. Contenta pensé en todo lo que haría con él, especialmente abastecer mi refrigerador. 

*
*
*
- ¿Con chipas de chocolate  o sin chispas de chocolate? – dije mientras veía las dos cajas de galletas en mi mano.
- ¿Al menos escuchaste algo de lo que te dije Isabella?

Le di una mirada de odio a Jane que estaba a mi lado junto al carrito de compras.
- Primero, no me llamas Isabella – le dije apuntándola con la caja – y segundo me importa una verdadera mierda cuentos coños te cogiste,  asi que dime que puta cajita de galletas llevo – levante las dos cajas y le sonreí.
- Eres una verdadera espinilla en el trasero Swan.
- Lo mismo digo Henderson – le dije mientras arrastraba el carrito.
- ¡En serio!, de qué me sirve tener una amiga si ella no me escucha – dijo Jane pegándome con la almohada que llevaba en el carrito.
- ¿Y a mí de qué me sirve tener una amiga lesbiana si no puedo hablar de traseros masculinos con ella? – las dos reímos mientras pasábamos a la sección de enlatados.
Jane puso cara rara cuando vio todos los tarros que ponía dentro del carro  - ¿Es necesario toda esa cantidad de atún? Sabes, creo que morirás intoxicada.
- Me vale mierda. Sabes que soy un asco en la cocina, además amo el atún.
- Hablando de mierda ¿cómo esta Edward? – preguntó casualmente Jane.
- Bien, supongo. No lo veré hasta dentro de algunos días más.
Reí. Jane ciertamente odiaba a Edward – No sé porque te cae tan mal, claro está, si se deja de lado de que me amas y estas celosa – dije levantando la cejas y poniendo las cosas en la cinta de la cajera.
- ¡Oh claro! yo y mis celos no te podemos compartir cariño. Creo que deberíamos hacer un trio – al decir eso,  la cajera nos quedo viendo con  cara rara.
- ¡Cierto! Deberíamos hacer uno,  amor – le dije dándole un beso en la comisura de sus labios. Las dos no parábamos de reír por los gestos que hacia la cajera.
*
*
*
- Esto es un asco Isabella – dijo Jane mientras observaba mi cocina – ¿qué acaso no conoces lo que es detergente y agua?
- ¡¿Cuántas jodidas veces ten tengo que decir que no me digas asi?! – Le grite desde las escaleras – Además están malas las cañerías ¿qué esperabas? Este lugar es pura mierda.
- Al menos no tienes que compartirlo con tu primo.
- Si… al menos.
- Necesito que me acompañes al bar hoy Swan.
- De ninguna jodida manera Henderson, estoy libre de ese infierno hasta la semana que viene.
- ¡Vamos Bells! ¿Sabes quién es la nueva adquisición de McCarty?
- No, y no me importa – le dije entre buscando una camisa entre el montón de ropa que había en el baño. Se suponía que allí se encontraba tanto la limpia como la sucia. Imploraba que la camisa azul estuviera al menos algo limpia.
- ¡A mi si! Es Renata Connor – levanto sus manos al aire, haciendo los gestos que hacia cuando estaba enojada - ¡No puedo creer que seas asi de perra conmigo! ¡Conmigo! ¡Yo! ¡Tu mejor amiga por más de veinte años!
Jane se movía de un lado al otro por todo el pequeño departamento, despotricando su discurso de “amiga de toda la vida”.
- Y yo no puedo creer que me pidas que vaya, sabiendo que odio ese lugar.
- Si no fuera importante para mí no te lo pediría Swan. Renata creó una especie de obsesión conmigo. Ya te dije, está algo loca.
- ¿Y qué crees que te hará? ¿Violarte en el baño de mujeres? – reí mientras seguía en mi búsqueda por el mar de ropa tirada en el suelo del baño.
- Probablemente. Como te dije la mujer esta algo desquiciada.
- No exageres Henderson. Ahora que me acuerdo no decías lo mismo de ella hace algunos meses.
- Exacto. Ese es mi punto, bebé. Pienso que entro a trabajar al bar sólo por mí.
- O tal vez necesitaba trabajar para mantenerse. Creo que tu ego excede los límites Henderson.
- No es ningún ego Swan. Lo digo en serio. Esa chica es psicópata o algo asi.
- Digas lo que digas Henderson, no voy a ir al bar.
Jane me fulmino con la mirada – Está bien, está bien. No me acompañes, pero cuando el imbécil de Cullen te deje botada porque tiene algo mejor que hacer con su “esposa” ¡no me llames!
Enojada le tiré mi jeans sucio en la cara – ¡Estúpida! – le grite.
- Perra – me dijo ella.
- Idiota.
- Malagradecida.
- Anormal.
- Zopenca.
- Mentecata.
Nos miramos fijamente la una a la otra, hasta que Jane rompió en risas seguida por mí.
- Esta bien Henderson, iré contigo al condenado Bar. 
Jane se tiró encima de mí haciéndonos caer en la pila de ropa – Muchas, muchas, muchas gracias, belly bells.
- Sí, si claro. Aleja tus manos de mí. – Tiré de ella para poder liberarme, pero Jane se subió encima de mí haciéndome cosquillas. Forceje con ella hasta que al fin puede salir de sus brazos.
- Madura, quieres.
- Sabes que me amas.
- Si, seguro. Cuando el infierno se congele nena.
*
*
*
- Quiero un whisky… no, mejor ron… no, no, una cerveza… - decía el tipo en la mesa cinco. Si se me preguntaba, era un completo perdedor. Rodeaba los cuarenta y no parecía muy familiarizado con la vida nocturna. Intentó coquetearme un par de veces, lo que se veía realmente patético. Jugó con sus sudorosas manos y acomodó sus lentes con su dedo.
Rodee mis ojos, el tipo había acabado con mi poca – por no decir nula – paciencia.
- Sí, creo que una cerveza estaría bien hermosa dama – dijo levantando las cejas.
- Ajá, ok. En un momento se la traigo.
Me moví rápidamente hacia la barra para no tener que seguir viéndole la cara de baboso.
- ¿Dura noche nena? – preguntó Emmett.
- Apestosa más bien dicho.
Emmett rió y me dio su discurso de “jefe” – Sabes cariño que si fuera por mi tú y yo no estaríamos exactamente aquí, pero no hay de otra y déjame decirte que con esa cara de limón no vas a vender mucho que digamos – Em me miró con esa mirada de “follar en el baño” que siempre me daba, sin embargo en este momento podía llevarme el mismísimo infierno.
- Si, lo que tú digas Emmett – le di una sonrisa mostrando todos mis dientes - ¿Está bien así?
- Jodidamente caliente cariño, como siempre. Ahora mueve es dulce trasero hacia las mesas Bells.
Rodee mis ojos tratando de no tirarle por la cabeza el gran vaso con cerveza que llevaba para el patético de la cinco.
- Ves, eso es lo que te digo. Mira. ¡Mira! ¡Como me ve! – me dijo Jane en mi oído - ¡Cielos! Necesito salir de aquí.
- Créeme yo también – dije mirándola feo.
- ¿Crees que McCarty se dé cuenta si me escondo en la bodega por el resto de la noche?
- ¿Y tú crees que si me saco la camisa y muestro mis senos, algún borracho de acá no se dé cuenta? No seas estúpida por el amor de diosm quieres. Madura. O al menos inténtalo. 
- Vaya… si que estas de malas pulgas.
- Te dije que no quería venir. Se supone que debería estar en mi cama, tranquila y en paz. No teniendo el asqueroso olor a tragos y sudor pagado en mi nariz.
- Lo sé, lo sé – Jane me abrazo – ¿Sabes que eres mi persona favorita en el mundo entero, Swan?  Y lo serías más si llevaras al trasero de McCarty a cualquier otra parte, asi podríamos las dos salir de este infierno.
- ¡Oh rayos! Esa deberías ser tú.
Jane me tomó de mi camisa y me llevo hacia el fondo del bar – primero no soy bisexual, además el chico está loco por ti. Sabes que quieres. ¿Hace cuanto que no entra nada allí? – dijo apuntando a mi vagina.
 Le pegué con la palma de mi mano en la cabeza a Jane – Eres una mierda de persona Henderson, deberías saberlo.
- ¡Ouch eso dolió! – Dijo sobándose la cabeza. – Entérate, somos las dos iguales cariño. Ahora ve a poner dura esa polla para que salgamos de aquí.
- ¡Te odio! – grite mientras iba en camino a mi propósito: salir de aquí.
Me solté mi cabello que estaba en una larga cola, subí mis pechos para que quedaran más a la vista y acomode mis jeans para darle mejor forma a mi trasero.
Lo vi de espaldas escribiendo alguna mierda en una hoja. Estaba tan concentrado que no me escucho cuando entre en la bodega.
Era sexy, de hecho era caliente, realmente caliente. Era casi del mismo alto que Edward pero él era mucho más corpulento, parecía un verdadero luchador de pesa pesada. Emmett es como un verdadero príncipe moja bragas con sus ojos celestes y su cabello rubio al ras.
Lo abrase por atrás pasando mi mano por debajo de su blusa tocando su tonificado abdomen, rió cuando sintió mi tacto. 
- Se supone que deberías estar atendiendo las mesas, nena – se giró y me tomo por la cintura – no seduciendo al jefe.
Pase mi dedo por su labio, luego me acerque a él levantándome con la punta de mis pies para poder quedar cerca de sus labios. Roce mi nariz con la de él al igual que con mis labios sin besarlo.  
- Pensé que podríamos divertirnos un rato – baje mi mano desde su estomago, a su pelvis, adentrándome dentro de su pantalón e incluso rozando su pene que al parecer ya estaba queriendo jugar.
Dio un gemido cuando subí y baje mi mano por su polla, me encantaba volverlo loco. Junte nuestros labios bruscamente metiendo mi lengua y arremolinándola con la de Emmett.
Él tiro de mí hacia la pared subiendo mis piernas alrededor de su cadera. Sus manos desesperadas recorrían mi cuerpo excitándome y queriendo más.
- Aquí no Em – dije calmando mi respiración alejándome de él.
- Cierto. ¡Maldición! Te espero arriba, nena – me dio un beso rudo mordiendo mis labios – no tardes.
Me bajo y salió rápidamente de la bodega. Conté hasta tres y vi a Jane entrar con una sonrisa en su rostro. – T-e  a-d-o-r-o.
Le cerré un ojo y corrí escaleras arriba hacia el departamento que tenia Emmett arriba del bar.
A penas entre, Emmett me tomó en sus brazos arrojándome a la cama. Quitó mi camisa con fuerza junto con mi sujetador dejando mis senos al aire. Con su lengua jugó con ellos, endureciendo mis pezones, se sentía condenadamente bien, a su paso los mordía y besaba, volviéndome loca.
En cierta forma venir hoy no había sino tan malo.








       


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